Me toman de la mano y sienten que estoy verboso, como arrogante de mi propia lengua; me insinúan un llano, un espacio muerto entre obstáculos y cuando lo evito, cuando digo que es mejor la procesión, la anécdota del pie, resumen que estoy con entonos de ideas. Y sólo  digo que sÃ, vamos a la danza. Vamos, porque nos parece y aún no está turbio el plan ni la noche se cierra. Pero lo que no saben,  es que llegaremos apenas.
Cierta vez me batà en la diana, más allá del gaznate del emblema, y agarré sus astas y su filo y los traje conmigo, y ese dÃa, ese instante mismo, sirvió para tenerlos. Tomaron mis ajorcas como buenas, una a una las lucieron  y yo admirando su risa, aclarando un molde aquÃ, un diptongo allá. Pero eso fue en tiempos menores, aliteraciones que no vale recordar: vamos por baile.
Como me tienen asido, fulgurando mi desmerecimiento,  heredo la palabra; que le den ambiente, le extingan enemigos, que la lleven lejos donde la raÃz  hace primicias. Y crean entonces que no soy tan sagrado ni pleitista, sino un atrevimiento, el épico dominio del trance, y que no voy a profanar autoridades, asà que vamos de nuevo: llegaremos,
apenas.

Ismael Valdivia es un médico columnista y poeta nacido en Cuba en 1959.

at 8:27 pm
CON EPICO DOMINIO DEL TRANCE,….HACE MUCHO RATO QUE LLEGASTE,….AUNQUE DIGAN QUE ESTAS VERBOSO…Y SI NO LO QUIEREN VER ES PORQUE ESTAN APLICANDO LA LEY DE JANTE
at 4:12 pm
Jaja: la ley de Jante. No, no me gustarÃa ser evaluado con sus standards, frenadores y obsoletos, defensores de una uniformidad artificial e impuesta.
Me gusta el concepto de elite, desde la humildad de reconocer que no se puede estar en todos los estratos. Pero que cada cual puede enseñarnos sus exquisiteces.
Mi abrazo de siempre.